domingo, 27 de enero de 2013

Sentir en lo más profundo de tu ser un odio absoluto, no poder sentir nada más que el llanto de tu alma, que se quiebra poco a poco sin dejar descansar el sufrimiento que llevas a cuestas cada día, cada minuto de tu vida. Tu cuerpo y tu mente unidos, solo uno, notas como se debilita tu mente cuando el cuerpo ya no responde, deja de funcionar, de sentir.
Tener tanto odio dentro que el no poder estallar y dejarlo salir de tus entrañas te mata lentamente desde el interior hasta la piel, desgarrándote cada parte de tu ser, no hay treguas. Ya no hay esa felicidad, esa energía dentro de ti que tanto te gustaba irradiar, que tantas veces quisiste demostrar y contagiar. Ahora solo queda una persona que no conoces, alguien desquiciado que solo busca un final, un final bruto y merecido por tanta mierda que ha tirado a los que menos lo merecían.
Nada más notas como cambia tu cuerpo a la vez que tu alma, notas como va dejando de ser algo normal y empieza a descontrolarse, y como fluye entre las lágrimas que derramas cuando estás completamente solo y solo piensas en el beso de la muerte, la mejor opción para ti.
El agua oscura y sucia entra por cada orificio de tu cuerpo, por cada poro, y te dejas llevar por ella, dejando el mundo que tan mal trataste y que tan poco supiste aprovechar, dejando atrás a aquellas personas que tanto daño hiciste sin querer, aunque no lo entiendan, tu nunca supiste explicárselo tampoco, convirtiéndote en tu propia víctima, siendo tu el único culpable de tu tremendo final, que al fin y al cabo te has ganado a pulso. Y te lleva a lo más profundo de la tranquilidad, dejando de sentir esa fuerte presión en el pecho que tantas noches de insomnio te costaron. Ya no quedan lágrimas por derramar, ni palabras que decir. Solo te queda el silencio y la soledad eterna que quisiste, que te has buscado, nada más. 
Solo te queda la oscuridad del mar en la que yacerás sola y fría para siempre, para la eternidad.

 

martes, 22 de enero de 2013

Me encanta sentarme en el muro que da al río Llobregat, y sobre él se alza el Pont del Diable. Es tan confortante ver las plantas verdes después de unos pocos días de lluvia, y mientras relajándome escuchando el fluir del río, a pesar de estar tan sucio por la porquería que emana de las fábricas y no deja que la tierra de a luz a la magia en este pequeño mar que alguna vez desprendía vida por cada molécula.
Pero es tan hermoso por la noche.
Es muy apacible ver como fluye el agua, tintado de un color oscuro, con algún que otro destello cobre fruto del reflejo de las farolas de la autovía que desaparece en la lejanía, tosiendo sonidos desagradables, escupiendo mierda a la vida.
Dejo caer mis pies sobre el aire, y así me siento como flotando. Entonces sigo escuchando al río. Y es raro, pero me siento como en casa, como si este fuese mi lugar en el mundo, lejos de todo, lejos del mundo putrefacto.
Sin embargo lo veo todo borroso por culpa de las lágrimas que no caen de mis ojos, que se niegan a dejarlos en paz. Me molesta, pero tampoco intento evitarlo.
Y sigo pensando en lo libre que es el agua, que se desliza por la húmeda tierra hasta encontrarse con el mar, habiendo recorrido pueblos, valles, cimas y ciudades, hasta llegar a su mayor expansión, hasta llegar a su límite, a la inmensidad.
Después se eleva, se evapora, pero jamás se abandona y vuelve a reunirse con el cielo, tan bello y azul, dejando de ser libre de su destino, de decidir si morir o no.
Y ahí acaba su libertad, no obstante vuelve cuando empieza a fluir de nuevo entre altas montañas, retomando un círculo vicioso que nunca acaba.

sábado, 12 de enero de 2013


Miro al cielo que está totalmente despejado. El calor ha hecho que se me pegue haya pegado la camiseta amarilla de tirantes al cuerpo. Pero no me importa. El aire es cálido y yo estoy aquí sentada en medio del prado. No es verde ni está lleno de flores amarillas, si no que es una pradera repleta de colores tierra y la hierba está seca, y no me importa clavarme las hojas secas en los pies porque me gusta sentir su calor.
Me tumbo en el áspero suelo y cierro los ojos, y poder sentir el corazón de mi hogar.
Siento los rayos de sol penetrar en mi piel y me hacen sentir un leve cosquilleo. Escucho a un pájaro cantar a lo lejos, en algún lugar, tal vez en un árbol seco, una alegre melodía natural. Noto como una hormiguita me sube por la mano, y giro la cabeza para mirar hacia mi brazo estirado, y la veo tan débil, aún sabiendo que es tenaz y fuerte, más que cualquier otro animal, seguro. Huelo la hierba seca, tan poco dulce pero a la vez muy agradable. Pero algo corta mi dulce sueño, oigo un avión mu cerca de mí, demasiado, entonces abro los ojos enfadada y miro hacia el cielo de nuevo. En efecto, un avión.
Decido levantarme e irme a casa de nuevo, enfadada. Realmente me gustaría perderme entre árboles y flores silvestres.


Olvidarte del mundo, devolverle la jugada que te ha hecho caminar, sin parar, sin llegar a ningún lugar. Solo caminar.