viernes, 12 de octubre de 2012

¡Qué bella es la noche! Vivo enamorada del día, por supuesto, con el sol abrasador mientras estás en la playa, con esas grandes y azules olas en las cuales poder deslizarme hasta caer rendida. Lo adoro, adoro el día por la brisa amarilla, por los colores alegres que desprende el ambiente.

Pero ¿ y qué es de la noche? Qué bonita es la noche. Paseos nocturnos con los amigos, la arena fina y fresca en la que poder pensar mientras escuchas olas invisibles que confundes con el cielo nocturno. La luz de la luna alumbrando rostros sin nombre, figuras de arena en la noche. Pero aquella noche, mientras miraba por la ventana de mi habitación, la noche me pareció un espectáculo bellísimo.

La luna brillaba blanca, y parecía sonreírme por entre las nubes negras iluminadas por su luz, por su brillo. Las casas tocadas por delicadas pinceladas de luz pálida, calles desiertas y tranquilas, con algún que otro coche que, con dos ojos brillantes, pasaban lentamente, como sin querer hacer ruido, y marchaban hacia algún viaje, tal vez sin destino, desconocido para mi, misterioso.

Sí, aquella noche fue muy especial
porque fue cuando descubrí lo maravilloso que puede ser el insomnio, que te hace ver cosas que quizá otros se pierdan, cosas que hacen que  ames la vida más intensamente.


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